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La Coctelera

Mayye

entre palabras y Holy Hill...

7 Diciembre 2009

Del fantástico y nuevos autores...

He pasado el fin de semana releyendo la primera novela publicada de Flavia H. Baca Hubeid: Ian y Licer. La Profecía. Soy una lectoadicta, es cierto, pero también lo es que soy una lectora crítica entrenada y que me dedico a la enseñanza de las Letras.

La novela es la primera entrega de una saga de género fantástico. Aunque escrita inicialmente para un público adolescente, la trama logra atrapar la atención del lector adulto. Los guiños autorales, desde la voz del narrador, acercan al fanático del género a la historia y lo hacen participar de forma efectiva de esa íntima cualidad ficcional al introducirlo efectivamente en el tejido textual. Las menciones a textos de culto como El Señor de los Anillos o Harry Potter están tanto explícita cuanto tácitamente en la páginas de la aventura de estos hermanos. La escritura sigue de cerca la técnica de las novelas gráficas japonesas resultando una lectura interesante y recomendable. El uso lúdico de los nombres propios, disfrazando a la misma autora en alguno de ellos, es una muestra del ingenio puesto en acto a través del texto. El lector se ve retado a encontrar nuevos significados en cada página, lo que no suele suceder con frecuencia en la poco felizmente llamada literatura juvenil. Se nota la intención autoral de no subestimar a sus posibles lectores, cuestión por la que agradecer sin dudas en un tiempo en el que se marcan con fuerza lo canónico y lo estimable en términos académicos.
La narración en sí cuenta las situaciones por las que deben pasar dos hermanos desde su infancia. La trama es una mezcla equilibrada de aventura, drama, suspenso, humor, descubrimiento de la sexualidad y de los sentimientos propios de la adolescencia. Baca Hubeid crea un universo paralelo creíble, por momentos muy cercano a la realidad y en otros prácticamente onírico. Hechiceros, criaturas míticas, héroes y villanos conviven en las páginas de esta primera entrega augurando una esperable continuación.

Flavia H. Baca Hubeid es una joven escritora argentina de veintidós años, estudiante de Abogacía y de Letras Modernas.

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26 Noviembre 2009

De quince semanas...

Ya te hablé alguna vez de mi tía Lily, la hermana menor de Ida. Le debo mucho. Es una de las personas que me congratulo de tener en mi círculo de afectos. No por pariente, sino porque sabe brindarse sin miramientos y con una inteligencia que muchos querrían para sí.

Lily me ha dado lo que, aparte de Ida,  nadie ha podido: una hermana menor.

Anahí es mi prima según los papeles pero es mucho más que eso en el corazón y en la práctica. Es quien fue compañera de los juegos infantiles de Danna y quien más tarde enjugó su llanto frente a la realidad que la separaba de mamá.

Anahí estudió en un colegio de monjas casi toda su vida,  a los nueve años intentaron hacerla experimentar en un colegio mixto, pero la situación fue casi traumática, aunque hasta el día de hoy no sabemos quién sufrió más: si la niña o su entorno familiar. El caso es que al siguiente período estaba de nuevo entre sus compañeritas del Saint Mary. Fue en ese ambiente de oscuros pasillos cuyos pisos de mármol sonaban con el eco de décadas de ligeras pisadas, donde Anita desarrolló su pasión por el baile y una lealtad a sus amigas a prueba de cataclismos. También fue allí, o mejor dicho, fuera de las aulas y a la salida de clases donde conoció a su primer novio, donde manifestó toda la gama de pensamientos y acciones propias de una adolescente y donde formó parte del popular "Heavy girls".

Con veinticuatro años la vida de Anahí cambió para siempre. En abril llegará al mundo su primer hijo. Es un bebé amado por mucha gente desde el momento en que supimos de su existencia. Sin embargo, por algún motivo que no logro entender totalmente, cada vez que pienso en ella la veo con tres años y coletas, o con siete y peleando con Danna por la atención de la abuela, o con quince y la corbata escocesa del uniforme escolar... Nuestra niña será madre y eso de alguna manera nos ha puesto a todos en el siguiente paso del camino que recorremos como familia. Seré tía. Solo espero que mi sobrino al llegar a los treinta y tres años tenga una imagen mía la mitad de intensa de la que guardo de Lily, su abuela. ¿Sueño mucho? Quiero creer que no.

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24 Noviembre 2009

De lenguas, lenguajes y deslenguados...

Probablemente viva en uno de los lugares más peculiares de la Argentina. Holy Hill tiene el extraño récord de dos casos delictivos anuales. El robo de una bicicleta y una pelea callejera que terminó con los implicados dentro de la fuente de la plaza principal empapados y sin dirimir si la chica era de uno, del otro o de los dos...

El caso es que la localidad fue fundada en torno a dos instituciones: una de salud y otra educativa. De esta última surge lo más llamativo de la cultura local, dado que al ser una universidad con régimen de internado y de índole religioso-denominacional, atrae a alumnos de todo el mundo. Y no es una exageración, cada día me cruzo con chicos estadounidenses, rusos, españoles, colombianos, filipinos, "la" rumana (la chica merece un artículo por sí misma, sin contar con que no es la única rumana en el campus) y demás extranjeros. En vista de lo cual aprender español se hace imperativo para los hablantes de otras lenguas. Y allí entro a formar parte del engranaje social.

Hace seis meses tuve mi primera entrevista para desempeñar funciones en alguna cátedra del departamento de lenguas. Uno de los requisitos es tener experiencia enseñando español a extranjeros, como no es uno de los ítems que podía cubrir, me ofrecieron dar tutorías a chicos que estuvieran preparando sus ingresos a las diversas carreras y los exámenes de habilitación lingüística para luego acreditarlo en el CV.

Considerando que estoy prácticamente desempleada desde hace dos meses (ser interina o suplente conlleva ese riesgo), decidí aceptar el rol de tutora de español, porque no será mucho pero es dinero que ayuda a pagar la renta.

Hasta ahora solo me han asignado "ingresantes" estadounidenses, lo que implica ensañar castellano, hablando en inglés y orando en cualquier lengua conocida que el Cielo quiera escuchar.

Nada me había preparado para tratar de resolver las dudas coloquiales de los pobres inocentes que cayeron en esta Babel estudiantil.

Lindy tiene una compañera de cuarto chilena, Anabella, quien cierra casi todos sus enunciados diciendo "¿Ya?". Chris vive con dos argentinos y como primera medida aprendió que "boludo/a" se aplica a cualquier persona, animal o cosa y que todo lo que quede a más de seis manzanas de los dormitorios es "la loma del orto". Shayla vive con una colombiana y una argentina, para ella "copado" y "re" van con acento bogotano...

Ni hablar de los errores de pronunciación que pueden ponernos a todos en aprietos. Robby trataba de conjugar el verbo caer, sabía que agregaba "ig" en el presente para la primera persona, sin embargo, se puso como la grana y empezó a balbucear  "oh, oh, yo no cago, no, no, no..." para hilaridad mía y dificultándome permanecer sin una ancha sonrisa en el rostro.

Como verás han sido dos meses de intensa búsqueda de un nuevo puesto de trabajo...

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23 Noviembre 2009

De catarsis...

Convivir nunca es sencillo. Pero convivir con alguien en período de exámenes es  atroz. Lo digo con todo el conocimiento de causa. En su momento yo ni siquiera volvía a casa porque era perder casi dos horas de estudio en el viaje de ida y vuelta. Sin embargo, ahora que soy la parte "receptora" de los ánimos de una estudiante universitaria puedo asegurar que es una de las  situaciones más difíciles de sobrellevar del año.

Tratas de no ponerse nerviosa porque es perjudicial para ambas partes; cuando ya te pusiste nerviosa toca no reaccionar porque tampoco es cuestión de poner aún más sacado al pobrecito estudiante; si ya llegaste al punto de la reacción intentas que sea lo menos violenta posible y si ya no hay retorno te sientas frente al ordenador y desquitas la mala sangre en palabras como medida casera de catarsis.

En este mes y medio de silencio han pasado varias cosas: Obama ganó el Nobel, Marge Simpson vio su imagen en la tapa de Playboy, se destaparon varios chanchullos políticos en diversos países, hubo un pequeño sismo en la zona donde vivía anteriormente, se estrenó la segunda entrega de la saga Crepúsculo en los cines (misma que no he de ver por cuestión de tozudez  que no de principios), El secreto de sus ojos (película argentina con Ricardo Darín) rompió todos los récords nacionales en la taquilla, me quedé prácticamente sin trabajo, Venezuela se declaró en estado de guerra contra medio mundo, volvió V, invasión extraterrestre, a las pantallas de nuestros televisores... En fin que han pasado muchas variadas cosas.

Mi propósito es ponerme al día y comienza ahora mismo. Mi hermanita rinde hasta el 22 de diciembre, toca terapia de escritura...

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6 Octubre 2009

De Damiana II

Si alguien se preguntó alguna vez cómo terminó Damiana Blanco sola y con un hijo en un pueblo perdido del interior de Misiones, se cuidó muy bien de guardarse la curiosidad para sí mismo.

A los veinte años era una mujer de extraña belleza, las trenzas recogidas en lo alto de la cabeza, esos oscuros ojos rasgados y los vestidos de suaves telas que usaba llamaban la atención sobre su persona. Los vecinos de Mártires eran gente sencilla, de costumbres arraigadas y "la Damiana" era una mujer caída cuyas malas costumbres no eran del agrado de muchos. El gendarme con el que vivía había muerto en una redada en la frontera y contra todo pronóstico ella se quedó y crió a su hijo en la casita verde a la salida del poblado.

Don Antúnez decía que le recordaba a su Guadalupe, la malograda hija que perdiera décadas atrás, y fue ese parecido (que nadie más que el anciano encontraba) el que le valió la tomara bajo su ala y la contratara como cocinera de su casa. Aunque muchos pensaron mal de la situación y acusaron a "la Damiana" de malas mañas con el pobre viejo, las cosas no tomaron ese rumbo. Antúnez jamás logró separar la imagen de su hija de la de la joven que se traía cada día en brazos a un niño y se pasaba las horas entre cazos y fogones. El trabajo era duro debía cocinar para el patrón y para la peonada, pero no se quejaba porque podía tener junto a ella a Juan Antonio.

Valentino le había enseñado a vivir con lo justo, a divertirse hasta el límite y a no conformarse.

Damiana fue una buena alumna. A los dieciséis años se fugó con el "tano", por tres años fueron amantes y aunque la diferencia de edad se notaba, ellos no necesitaron dar explicaciones a nadie. El padre cura les visitaba cada vez que pasaba por el pueblo para que se "pusieran a cuenta frente a Dios", pero para su sorpresa era la jovencita quien se negaba sistemáticamente alegando que "de latines hasta las narices".

Cuando las noticias de la muerte del italiano llegaron hasta la casita verde, Damiana apretó en una delgada línea sus labios y cerró la puerta en la cara de un atribulado sargento Rodríguez, compañero de mil y una historias del muerto. No con poco asombro el sacerdote recibió en la siguiente visita a Damiana en la capilla y atendió el pedido de la joven viuda de "anotar" al pequeño. Firmemente pronunció su apellido, el hombre de iglesia intentó convencerla de que se podía arreglar que el niño llevara también el de su progenitor. No hubo argumento que valiera para mover a la madre de su postura y así Juan Antonio Blanco se alejó aún más aquel fantasma italiano que conociera su madre un domingo en la plaza principal de Posadas.

(Ilustración: "La viuda")

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5 Octubre 2009

De sus flores preferidas...

El día de hoy es una sinfonía de luz. EL viento es casi excesivo pero eso no resta a la bellza de la mañana.

Cuando adolescente, septiembre y octubre eran mis meses favoritos porque todo era más nítido, más feliz casi diría. Ida renacía con la llegada de los primeros rayos del sol primaveral a diferencia de mí que me apago de a poco con el calor y resurjo en marzo o abril.

Estoy segura de que en una mañana como esta, Ida hubiera salido a su caminata aeróbica a primera hora, luego se sentaría a tomar el desayuno, como buena argentina seguramente después prepararía un mate y saldría a remover canteros y parterres de flores y verduras.  Luego del nacimiento de Danna, Ida decidió quedarse en casa, lo que fue un shock psicofísico para ella, dado que resulto ser una trabajólica y hubo que realizarle una terapia de sueño para ayudarla a paliar los efectos del síndrome de abstinencia.

Lo sé, una precursora mi madre.

El caso es que eran estos días los que ambas disfrutábamos juntas. Nuestra relación siempre fue la de opuestos complementarios. Según ella porque éramos Cáncer y Capricornio (lo que no deja de ser paradójico dado su inngable disgusto ante cosas como la astrología), según yo porque solo conmigo podía explotar a gusto sin traumas de por medio, ni peleas eternas y rencores recalcitrantes.

Ida, mamá como exigió que la llame hasta el último momento de lucidez, era una mujer apasionada y con la sangre a punto de estallar. Decía que no entendía el hielo que corría por mis venas y la "tranquilidad" con que enfrentaba la vida... Muchas de nuestras charlas giraron en torno a estas diferencias. Sin embargo, jamás me sentí menos única o apreciada en esa puja vital que compartíamos.

En mañanas como esta es cuando su asencia se siente hondo en el alma y quisiera mostrarle las fresias y los geranios de mi balcón...

 

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2 Octubre 2009

De infantiles interrogantes...

Lyanna es una de mis mejores amigas. Aunque hay veces en las que me pregunto si no lo será su madre. Ly tiene un par de años menos que yo pero generalmente saca mi lado maternal obsesivo y termina recriminándome que actúe como Silvya. La familia de Sylvya y Lyanna es muy unida en su particular estilo, con todos los ingredientes de las familias de este siglo: una artista incomprendida, un bohemio, una atea, un otaku en eterno proceso de recuperación (es un camino de ida, jamás te libras de los comics y sus hermanos japoneses), algún ingeniero, otro estudiante de leyes, gente dedicada a las ciencias económicas... En fin, que encuentras material de estudio y de reflexión sin demasiado esfuerzo.

Una de las primas de Ly tiene tres niños pequeños que hacen a las delicias de las tías abuelas y dan guerra a los más jóvenes.

El mayor de ellos, Santino, en la Navidad de sus cuatro años rompió la ilusión de una vida de varios de los presentes. Como es costumbre en los barrios porteños y de algunas localidades más pequeñas, la Noche de Vísperas Papá Noel visita a los niños llevándoles regalos. No me digas que eso lo hace en todo el mundo y en un trineo tirado por renos porque aquí la cuestión va de disfraz y exposición pública. El caso es que en Avellaneda al anciano de rojo lo llevan a su recorrido estelar en el carro de los bomberos, con sirenas y parafernalia de luces más altavoces con villancicos incluidos.

Ante el estruendo en la calle toda la familia se asomó hasta la entrada de la casa y por supuesto la atención estaba puesta en la menuda figura de Santino, quien vería el espectáculo por primera vez. Amplias sonrisas, miradas de interés, cámaras fotográficas preparadas para conservar el momento eternamente... Y el niño habló:

- Lo del tipo vestido de Santa lo entiendo. Pero ¿Qué pintan los bomberos en todo esto?

De más está decir que todos culparon a Hollywood, a la televisión y unos cuantos a la madre (aunque se cuidaron bien de no hacerlo en su presencia o en voz muy alta) por la pronta pérdida de la inocencia del chiquillo.

El ejemplo más cercano de lo fatal que puede ser una duda infantil para la inocencia (de los adultos) lo protagonizaron Candela, hermana menor de Santino, y Lyanna en la ceremonia bautismal del más pequeño de la familia.

Candela tiene tres años y si la miras ves que los ángeles sí existen y llevan vestidos rojos con abrigos de pana al tono. Ly no es particularmente religiosa, es más dice ser atea, lo que todos le dejamos pasar porque se necesita fe para ello. El caso es que estaba sentada de lo más formalita en una de las filas de bancos del medio, esperando el momento de la celebración cuando pasa junto a ella por el pasillo central del templo su sobrina como un torbellino rojo. Con toda la calma que logró conseguir le dio alcance y fue a sentarse junto a la niña para explicarle el modo correcto de comportarse en una iglesia.

"- Cande, tesoro, no se corre aquí...

-  ¿Por qué? -La interrumpió nada más notar que la charla iba de reto sobre sus modales.

- Bueno... No se corre porque... Porque esta es la casa de Dios.

- Aaah... Tía ¿Dios cuándo llega así empieza la fiesta?

- Dios ya está acá Candela  -mientras se llevaba a la boca una pastilla de menta, Lyanna llamó la atención de la pequeña con un gesto de sus manos para que observe su entorno.

- ¿Ese es Dios?  -Volvió a arremeter Candela, señalando una imagen de Cristo crucificado detrás del altar mayor.

- Sí, ese es...

- ¿Y lo colgaron ahí para que no se escape...?"

Jamás logró contestar el interrogante porque el caramelo de menta eligió ese momento para irse violentamente hacia su garganta y ahogarla del todo.

 

 

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30 Septiembre 2009

De salas de espera...

Vivir en una pequeña comunidad es una novedad en mi vida. Antes era solo una cara anónima más en la multitud que entraba y salía de micros, edificios y elevadores. Ahora soy una de las habitantes de Holy Hill y la gente me saluda por el nombre, voy al supermercado y me preguntan cómo salió la receta de pollo a las hierbas, si mi cuñado viene este fin de semana o si mi hermanita aprobó el parcial que rindió hace dos semanas.

Camino mirando escaparates y recibo comentarios acerca de lo bella que se veía Alana el sábado o pronósticos para los próximos partidos de fútbol que no miraré. Es algo extraño y a la vez reconfortante formar parte, sin embargo, hay veces en las cuales es casi agobiante el saberte tan mirada.

Ayer recibí un pormenorizado resumen de las actividades de Danna durante la semana. Lo que no sería llamativo si me lo contara ella misma o alguna de sus amigas. Lo que hace de esto algo digno de mención es que me lo contó la madre de una compañera de trabajo de Alana, quien estaba sentada junto a mí en la sala de espera de la clínica médica.

La situación fue la siguiente: Esperando mi turno para la consulta, subí el volumen del reproductor y mientras Il Divo sonaba, abrí la primera novela publicada de mi amiga Flavia  -ya te contaré acerca de la historia pronto- y me dispuse a no criar raíces. Al poco de hacerlo sentí la mirada de alguien sobre mí. Levanté la mirada y observé alrededor, dos o tres personas hacían más o menos lo mismo que yo, otras tantas se miraban los zapatos o las baldosas y una señora me sonreía directamente. Correspondí a la sonrisa y volví a las aventuras de Ian y Licer. Pasados un par de minutos alguien se sentó a mi lado, miré de soslayo: era la misma señora y continuaba sonriendo. Bajé el volumen de la música y ella notó el movimiento.

- Eres la hermana mayor de Alana ¿Cierto?  -Asentí con un gesto- Sí, lo sabía. Ella es compañera de trabajo de mi hija. ¿Hace mucho esperas? Porque mi turno era para las nueve treinta y fíjate ya pasan cuarenta minutos... Si es que no hay como estas situaciones para aprender paciencia... Es que claro como no son ellos los que deben esperar... Aunque siempre es interesante porque una se encuentra con la gente y puede mantener el contacto... Creo que es la primera vez que hablamos... No, ya lo habíamos hecho en el matrimonio de Debby y Juancito....  -A estas alturas temía que le fuera a dar algo por la ausencia de inspiraciones entre frase y frase, pero parece que mis preocupaciones eran infundadas porque le sobraba aire para continuar con su casi  monólogo.

- Creo que nos presentaron antes de la ceremonia, sí. -Mi primer intento de meter alguna palabra en la conversación.

- Tienes razón, estabas junto a Danna, a ella la conocemos bien. Casi desde que llegó a estudiar al campus... Claro que como vivía en los dormitorios de la universidad la veíamos muy poco... Ahora que lo pienso, antes del traslado de Alana ya conocíamos a Danna ¡Tan amable ella! La semana pasada la vimos caminar junto al hijo de Giuly, no iban tomados de la mano ni nada, pero no es la primera vez... ¿Hay novedades por allí?  -Su sonrisa se hizo cómplice y mis neuronas se negaban a cooperar para dar alguna respuesta- Pero la verdad es que esperábamos que le diera una oportunidad al chico García. ¿Sabías que se recibe el próximo año? Sí, muy buen estudiante.

No logré averiguar en sus dichos quiénes eran los que esperaban esa oportunidad para el muchacho, lo que no quita que mi hermana ni siquiera lo registre en su radar. Antes de decir algo del todo inapropiado en consonancia con mis pensamientos poco generosos, ella atacó nuevamente.

- Dannita siempre está rodeada de sus amigos y eso desalienta a cualquiera si no forma parte de su grupo. Tal vez deberíamos hablarle para que no cierre las oportunidades de...

La voz de la recepcionista llamándome al consultorio me sonó tan bien como la canción de Il Divo en mis auriculares.

- Hasta luego. -Lo sé no soy muy elocuente a veces.

- ¡Hasta luego querida! No faltará oportunidad para que repitamos.

Créeme que hasta ahora no sé si eso era una promesa o una amenaza. Lo que sí aprendí es a no levantar la mirada la próxima vez en una sala de espera.

(Ilustración: "Atardecer en el pueblo" Museo de Arte Naïf Manuel Moral, Jaén, España)

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Sobre mí

Soy Mayye y vivo en Argentina.Tengo algo más de treinta años, casi todos ellos de lectora empedernida. Detesto las etiquetas genéricas: que si muy leído y popular no es literatura y si casi incomprensible y solo conocido en los círculos académicos entonces es arte. Tal vez porque a pesar del tiempo pasado en las aulas y de las competencias adquiridas sigo siendo lo que al principio: solo una lectora más (de diarios, revistas, novelas, ensayos...). Me acompañan Ivy, Beby y Marche en esta aventuras de palabras. Por ello hoy les invito a compartir mi pequeño espacio en este no-lugar, tomemos algo juntos y disfrutemos.
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