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La Coctelera

Mayye

entre palabras y Holy Hill...

6 Octubre 2009

De Damiana II

Si alguien se preguntó alguna vez cómo terminó Damiana Blanco sola y con un hijo en un pueblo perdido del interior de Misiones, se cuidó muy bien de guardarse la curiosidad para sí mismo.

A los veinte años era una mujer de extraña belleza, las trenzas recogidas en lo alto de la cabeza, esos oscuros ojos rasgados y los vestidos de suaves telas que usaba llamaban la atención sobre su persona. Los vecinos de Mártires eran gente sencilla, de costumbres arraigadas y "la Damiana" era una mujer caída cuyas malas costumbres no eran del agrado de muchos. El gendarme con el que vivía había muerto en una redada en la frontera y contra todo pronóstico ella se quedó y crió a su hijo en la casita verde a la salida del poblado.

Don Antúnez decía que le recordaba a su Guadalupe, la malograda hija que perdiera décadas atrás, y fue ese parecido (que nadie más que el anciano encontraba) el que le valió la tomara bajo su ala y la contratara como cocinera de su casa. Aunque muchos pensaron mal de la situación y acusaron a "la Damiana" de malas mañas con el pobre viejo, las cosas no tomaron ese rumbo. Antúnez jamás logró separar la imagen de su hija de la de la joven que se traía cada día en brazos a un niño y se pasaba las horas entre cazos y fogones. El trabajo era duro debía cocinar para el patrón y para la peonada, pero no se quejaba porque podía tener junto a ella a Juan Antonio.

Valentino le había enseñado a vivir con lo justo, a divertirse hasta el límite y a no conformarse.

Damiana fue una buena alumna. A los dieciséis años se fugó con el "tano", por tres años fueron amantes y aunque la diferencia de edad se notaba, ellos no necesitaron dar explicaciones a nadie. El padre cura les visitaba cada vez que pasaba por el pueblo para que se "pusieran a cuenta frente a Dios", pero para su sorpresa era la jovencita quien se negaba sistemáticamente alegando que "de latines hasta las narices".

Cuando las noticias de la muerte del italiano llegaron hasta la casita verde, Damiana apretó en una delgada línea sus labios y cerró la puerta en la cara de un atribulado sargento Rodríguez, compañero de mil y una historias del muerto. No con poco asombro el sacerdote recibió en la siguiente visita a Damiana en la capilla y atendió el pedido de la joven viuda de "anotar" al pequeño. Firmemente pronunció su apellido, el hombre de iglesia intentó convencerla de que se podía arreglar que el niño llevara también el de su progenitor. No hubo argumento que valiera para mover a la madre de su postura y así Juan Antonio Blanco se alejó aún más aquel fantasma italiano que conociera su madre un domingo en la plaza principal de Posadas.

(Ilustración: "La viuda")

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5 Octubre 2009

De sus flores preferidas...

El día de hoy es una sinfonía de luz. EL viento es casi excesivo pero eso no resta a la bellza de la mañana.

Cuando adolescente, septiembre y octubre eran mis meses favoritos porque todo era más nítido, más feliz casi diría. Ida renacía con la llegada de los primeros rayos del sol primaveral a diferencia de mí que me apago de a poco con el calor y resurjo en marzo o abril.

Estoy segura de que en una mañana como esta, Ida hubiera salido a su caminata aeróbica a primera hora, luego se sentaría a tomar el desayuno, como buena argentina seguramente después prepararía un mate y saldría a remover canteros y parterres de flores y verduras.  Luego del nacimiento de Danna, Ida decidió quedarse en casa, lo que fue un shock psicofísico para ella, dado que resulto ser una trabajólica y hubo que realizarle una terapia de sueño para ayudarla a paliar los efectos del síndrome de abstinencia.

Lo sé, una precursora mi madre.

El caso es que eran estos días los que ambas disfrutábamos juntas. Nuestra relación siempre fue la de opuestos complementarios. Según ella porque éramos Cáncer y Capricornio (lo que no deja de ser paradójico dado su inngable disgusto ante cosas como la astrología), según yo porque solo conmigo podía explotar a gusto sin traumas de por medio, ni peleas eternas y rencores recalcitrantes.

Ida, mamá como exigió que la llame hasta el último momento de lucidez, era una mujer apasionada y con la sangre a punto de estallar. Decía que no entendía el hielo que corría por mis venas y la "tranquilidad" con que enfrentaba la vida... Muchas de nuestras charlas giraron en torno a estas diferencias. Sin embargo, jamás me sentí menos única o apreciada en esa puja vital que compartíamos.

En mañanas como esta es cuando su asencia se siente hondo en el alma y quisiera mostrarle las fresias y los geranios de mi balcón...

 

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2 Octubre 2009

De infantiles interrogantes...

Lyanna es una de mis mejores amigas. Aunque hay veces en las que me pregunto si no lo será su madre. Ly tiene un par de años menos que yo pero generalmente saca mi lado maternal obsesivo y termina recriminándome que actúe como Silvya. La familia de Sylvya y Lyanna es muy unida en su particular estilo, con todos los ingredientes de las familias de este siglo: una artista incomprendida, un bohemio, una atea, un otaku en eterno proceso de recuperación (es un camino de ida, jamás te libras de los comics y sus hermanos japoneses), algún ingeniero, otro estudiante de leyes, gente dedicada a las ciencias económicas... En fin, que encuentras material de estudio y de reflexión sin demasiado esfuerzo.

Una de las primas de Ly tiene tres niños pequeños que hacen a las delicias de las tías abuelas y dan guerra a los más jóvenes.

El mayor de ellos, Santino, en la Navidad de sus cuatro años rompió la ilusión de una vida de varios de los presentes. Como es costumbre en los barrios porteños y de algunas localidades más pequeñas, la Noche de Vísperas Papá Noel visita a los niños llevándoles regalos. No me digas que eso lo hace en todo el mundo y en un trineo tirado por renos porque aquí la cuestión va de disfraz y exposición pública. El caso es que en Avellaneda al anciano de rojo lo llevan a su recorrido estelar en el carro de los bomberos, con sirenas y parafernalia de luces más altavoces con villancicos incluidos.

Ante el estruendo en la calle toda la familia se asomó hasta la entrada de la casa y por supuesto la atención estaba puesta en la menuda figura de Santino, quien vería el espectáculo por primera vez. Amplias sonrisas, miradas de interés, cámaras fotográficas preparadas para conservar el momento eternamente... Y el niño habló:

- Lo del tipo vestido de Santa lo entiendo. Pero ¿Qué pintan los bomberos en todo esto?

De más está decir que todos culparon a Hollywood, a la televisión y unos cuantos a la madre (aunque se cuidaron bien de no hacerlo en su presencia o en voz muy alta) por la pronta pérdida de la inocencia del chiquillo.

El ejemplo más cercano de lo fatal que puede ser una duda infantil para la inocencia (de los adultos) lo protagonizaron Candela, hermana menor de Santino, y Lyanna en la ceremonia bautismal del más pequeño de la familia.

Candela tiene tres años y si la miras ves que los ángeles sí existen y llevan vestidos rojos con abrigos de pana al tono. Ly no es particularmente religiosa, es más dice ser atea, lo que todos le dejamos pasar porque se necesita fe para ello. El caso es que estaba sentada de lo más formalita en una de las filas de bancos del medio, esperando el momento de la celebración cuando pasa junto a ella por el pasillo central del templo su sobrina como un torbellino rojo. Con toda la calma que logró conseguir le dio alcance y fue a sentarse junto a la niña para explicarle el modo correcto de comportarse en una iglesia.

"- Cande, tesoro, no se corre aquí...

-  ¿Por qué? -La interrumpió nada más notar que la charla iba de reto sobre sus modales.

- Bueno... No se corre porque... Porque esta es la casa de Dios.

- Aaah... Tía ¿Dios cuándo llega así empieza la fiesta?

- Dios ya está acá Candela  -mientras se llevaba a la boca una pastilla de menta, Lyanna llamó la atención de la pequeña con un gesto de sus manos para que observe su entorno.

- ¿Ese es Dios?  -Volvió a arremeter Candela, señalando una imagen de Cristo crucificado detrás del altar mayor.

- Sí, ese es...

- ¿Y lo colgaron ahí para que no se escape...?"

Jamás logró contestar el interrogante porque el caramelo de menta eligió ese momento para irse violentamente hacia su garganta y ahogarla del todo.

 

 

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30 Septiembre 2009

De salas de espera...

Vivir en una pequeña comunidad es una novedad en mi vida. Antes era solo una cara anónima más en la multitud que entraba y salía de micros, edificios y elevadores. Ahora soy una de las habitantes de Holy Hill y la gente me saluda por el nombre, voy al supermercado y me preguntan cómo salió la receta de pollo a las hierbas, si mi cuñado viene este fin de semana o si mi hermanita aprobó el parcial que rindió hace dos semanas.

Camino mirando escaparates y recibo comentarios acerca de lo bella que se veía Alana el sábado o pronósticos para los próximos partidos de fútbol que no miraré. Es algo extraño y a la vez reconfortante formar parte, sin embargo, hay veces en las cuales es casi agobiante el saberte tan mirada.

Ayer recibí un pormenorizado resumen de las actividades de Danna durante la semana. Lo que no sería llamativo si me lo contara ella misma o alguna de sus amigas. Lo que hace de esto algo digno de mención es que me lo contó la madre de una compañera de trabajo de Alana, quien estaba sentada junto a mí en la sala de espera de la clínica médica.

La situación fue la siguiente: Esperando mi turno para la consulta, subí el volumen del reproductor y mientras Il Divo sonaba, abrí la primera novela publicada de mi amiga Flavia  -ya te contaré acerca de la historia pronto- y me dispuse a no criar raíces. Al poco de hacerlo sentí la mirada de alguien sobre mí. Levanté la mirada y observé alrededor, dos o tres personas hacían más o menos lo mismo que yo, otras tantas se miraban los zapatos o las baldosas y una señora me sonreía directamente. Correspondí a la sonrisa y volví a las aventuras de Ian y Licer. Pasados un par de minutos alguien se sentó a mi lado, miré de soslayo: era la misma señora y continuaba sonriendo. Bajé el volumen de la música y ella notó el movimiento.

- Eres la hermana mayor de Alana ¿Cierto?  -Asentí con un gesto- Sí, lo sabía. Ella es compañera de trabajo de mi hija. ¿Hace mucho esperas? Porque mi turno era para las nueve treinta y fíjate ya pasan cuarenta minutos... Si es que no hay como estas situaciones para aprender paciencia... Es que claro como no son ellos los que deben esperar... Aunque siempre es interesante porque una se encuentra con la gente y puede mantener el contacto... Creo que es la primera vez que hablamos... No, ya lo habíamos hecho en el matrimonio de Debby y Juancito....  -A estas alturas temía que le fuera a dar algo por la ausencia de inspiraciones entre frase y frase, pero parece que mis preocupaciones eran infundadas porque le sobraba aire para continuar con su casi  monólogo.

- Creo que nos presentaron antes de la ceremonia, sí. -Mi primer intento de meter alguna palabra en la conversación.

- Tienes razón, estabas junto a Danna, a ella la conocemos bien. Casi desde que llegó a estudiar al campus... Claro que como vivía en los dormitorios de la universidad la veíamos muy poco... Ahora que lo pienso, antes del traslado de Alana ya conocíamos a Danna ¡Tan amable ella! La semana pasada la vimos caminar junto al hijo de Giuly, no iban tomados de la mano ni nada, pero no es la primera vez... ¿Hay novedades por allí?  -Su sonrisa se hizo cómplice y mis neuronas se negaban a cooperar para dar alguna respuesta- Pero la verdad es que esperábamos que le diera una oportunidad al chico García. ¿Sabías que se recibe el próximo año? Sí, muy buen estudiante.

No logré averiguar en sus dichos quiénes eran los que esperaban esa oportunidad para el muchacho, lo que no quita que mi hermana ni siquiera lo registre en su radar. Antes de decir algo del todo inapropiado en consonancia con mis pensamientos poco generosos, ella atacó nuevamente.

- Dannita siempre está rodeada de sus amigos y eso desalienta a cualquiera si no forma parte de su grupo. Tal vez deberíamos hablarle para que no cierre las oportunidades de...

La voz de la recepcionista llamándome al consultorio me sonó tan bien como la canción de Il Divo en mis auriculares.

- Hasta luego. -Lo sé no soy muy elocuente a veces.

- ¡Hasta luego querida! No faltará oportunidad para que repitamos.

Créeme que hasta ahora no sé si eso era una promesa o una amenaza. Lo que sí aprendí es a no levantar la mirada la próxima vez en una sala de espera.

(Ilustración: "Atardecer en el pueblo" Museo de Arte Naïf Manuel Moral, Jaén, España)

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28 Septiembre 2009

De charlas bajo el sol...

 

Los sábados son un día del todo especial en Holy Hill porque originalmente era una colonia de inmigrantes cristianos europeos que guardaban el sábado como día de reposo según el mandato bíblico. Hoy día los negocios, las instituciones y las actividades comunes cesan desde la puesta del sol del viernes a la puesta del sol del sábado mismo y la comunidad toda descansa. Aunque muchos no son observadores de la costumbre bíblica, sí han aprendido a disfrutar de una jornada diferente.

Precisamente eso hicimos durante la mañana del pasado séptimo día. Asistimos a un servicio religioso con Leylen y mis hermanas y luego salimos a caminar bajo el sol que apenas calentaba, dado que la primavera llegó pero el frío no se ha ido ni un poco. Las calles desiertas, los parques primorosamente cuidados, los pájaros y alguna que otra persona en idénticas condiciones que nosotras fueron el marco para una ronda de fotografías y charla con la Omma.

Me sorprendió al contarnos los primeros años de su vida como mujer casada.

Leylen contrajo matrimonio a los veintitrés años. Ya era considerada casi una solterona, solo la salvaba el que tuviera un novio y que este debiera cumplir con el servicio militar obligatorio primero y luego procediera a iniciarse en alguna ocupación lucrativa. Al casarse pasó a vivir en casa de sus suegros, dado que mi abuelo era el hijo mayor. Las dos cuñadas eran apenas adolescentes y por lo que entendí eran la viva encarnación de la malicia femenina. La suegra, mi bisabuela Amalia, era una mujer dominante y quien llevaba adelante el destino de la familia de manera férrea y efectiva. De mi bisabuelo solo quedó claro que era un hombre cariñoso y trabajador.

Leylen era la menor de una familia numerosísima, tenía once hermanos. Estaba acostumbrada al trato amable y a ser sobreprotegida. A los trece años dejó la casa paterna para ir al internado a estudiar y al terminar sus estudios volvió a su hogar el que no abandonó hasta contraer matrimonio. La experiencia de convivir con su suegra la marcó de manera llamativa. Leylen no sabe estarse sin hacer algo útil, no tolera imaginarse como una carga para alguien, cree que la excesiva libertad es contraproducente pero que las reglas muy rígidas solo hacen que las personas intenten rebelarse . Esto último me dejó pasmada. ¿Ella que prácticamente grabó en nosotras los nunca escritos Altos Códigos de Conducta Femenina?

Pues resulta que sí. La Omma considera que a las jovencitas no se las guía apropiadamente y luego sufren innecesariamente por elecciones poco felices. Está satisfecha por las prontas nupcias de Alana, contenta porque Danna será una profesional en poco tiempo más y continúa preocupada porque estaré sola en el futuro. Sonrío al recordar su cierre:

-Maye, búscate alguien, es muy triste llegar a una casa vacía, no tener a nadie para conversar antes de dormir, saber que si no pones la estufa pasarás frío durante la noche...

Comprendí que mi abuela se siente sola y no quiere esa soledad para mí, que toda la charla sobre la suegra fue para que Alana viera la necesidad de poner límites a la suya desde el primer momento y que Danna entendiera que la disciplina que caracteriza a nuestra familia es para cuidarla y no para evitarle crecer libremente. No lo dijo pero se hizo evidente y no sé qué hicimos para merecerlo... La Omma está orgullosa de nosotras

Te decía hace días que amamos a Leylen, hoy puedo agregar sin rubor que la he de extrañar cuando se marche.

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24 Septiembre 2009

De mi historia tejida en palabras...

Vengo de una familia de cuentacuentos, pero de cuentacuentos que no esperan más retribución que el disfrute de la narración compartida, que el brillo de los ojos de su audiencia y de las sonrisas o lágrimas indicadoras de que el mensaje hizo nido en las mentes de los receptores. Es decir, nada mejor para mí que un relato con el poder de hacer de un momento cualquiera, el mejor momento vivido.

Mi tía Di es una directora de EGB jubilada, ejerció su profesión en escuelas de frontera con el Brasil, en condiciones que ameritan un premio para todos aquellos que han hecho de la docencia una cuetión de corazón y valentía. El caso es que ahora con sesenta y seis años lucha desde hace un par contra el cáncer. La semana anterior fue sometida a una nueva cirugía y como decidió viajar hasta Holy Hill para llevar adelante el procedimiento hemos tenido el placer de acompañarla unas horas durante el post-operatorio. Con su voz cercana a un suave arrullo compartió con nosotras vivencias que nos han dejado con lágrimas colgando de las pestañas. Pero lágrimas de risa, lágrimas del más puro regocijo. Porque si hay algo cierto sobre Di es que es una cuentacuentos impresionante.

"En abril pasado -comenzó su relato- con el tío Rem cumplimos cuarenta y cuatro años de casados y decidí hacerle una broma. Como saben él casi no ve y eso le genera mucha frustración. Mis nueras vinieron a casa a preparar los alimentos para la reunión que tendríamos al día siguiente y nos quedamos hasta pasada la medianoche en la cocina entre ingredientes y charlas... Cuando las chicas se fueron, tomé un baño y me vestí para llevar a cabo mi broma. Había tomado un camisón de dormir bastante recatado y le agregué tiras y tiras de telas de tul, ahora que lo medito creo que debería haberme comprado algo de lencería más "interesante", pero claro, en ese momento me las arreglé con lo que tenía... El caso es que me acerqué a la cama donde dormía Remo y lo mejor que pude subí una pierna a la esquina más cercana e inicié un contoneo de lo más complicado y hasta hoy digo que era sensual, llamando con lo que opino era una voz ronca y susurrante a mi marido:

- Remo, Remo, abre los ojos y enfrenta tu destino...

El pobre medio dormido, casi ciego y parpadeando como topo al sol abrió la boca, inarticuló una especie de grito, se tomó fuertemente del pecho y casi a los tumbos fue hasta al baño, ya quisiera yo que a cepillarrse los dientes o a ponerse algún perfume... No. Cuando me asomé estaba vomitando del susto. ¡Del susto! Allí la aterrada fui yo porque parecía al borde de un ataque cardíaco. Nos pasamos la noche consolándonos uno al otro por el miedo que habíamos pasado. Él creyó que era la Parca y yo que se me moría y arruinaba nuestra fiesta de aniversario..."

¿Necesito contarte que pequeñas anécdotas como esta son las que nutrieron mi vida de hambre de relatos?

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22 Septiembre 2009

De primaveral sorpresa...

Ayer en el hemisferio sur empezó la Primavera. En Argentina se celebró el Día del Estudiante. Sé que tal vez eso te sorprenda, pero aquí es asueto escolar e inclusive las universidades cierran sus puertas para congratular a quienes se dedican a la ardua tarea de llenar de conocimientos sus mentes o de pasar lo más rápido posible por las aulas para acceder a "la vida real".

Es una tradición en todo el país que los adolescentes salgan a las calles y copen plazas y parques con todos los aperos para el mejor pic-nic del año. Aún más, en las ciudades más grandes generalmente el día termina con recitales masivos de grupos musicales y con fiestas al mejor estilo raven con Dj's reconocidos.

En este panorama que uno mira casi con envidia y no poca añoranza de tiempos ya muy idos es que ayer, en la tranquilidad de una tarde hogareña, irrumpió Alana con los ojos desencajados y un discurso que era el perfecto complemento de su mirada:

 -¡Llegaron mis suegros y la Omma!

De más está decir que la sola mención de Livia, la madre de Ari y de Leylen, nuestra abuela, bastó para que todo comenzara a girar en torbellino. Es la primera visita que nos hace la Omma Leylen desde que nos mudamos a Holy Hill, es decir, es el primer examen del modo de vida que llevamos y de nuestro apartamento. Cuál no fue el asombro cuando mi abuela con todo el desparpajo nos informó que Ari sabía de la visita pero que como era una "sorpresa para las chicas" tenía prohibido hablar de ello. Ni bien nos sentamos a tomar el té dio inicio el interrogatorio. Considero que ni en los coloquios defensa en la facultad han tenido mis nervios que verse más a prueba.

-¿Cuándo empezarás una dieta? Estás más gorda que en el verano. Alana me dijo que te estabas cuidando... - Palabras que no hacen si no dejarme muda de indignación y vergüenza cada vez que las pronuncia, lo que implica cada primera conversación que tenemos en persona luego de algunos meses.

- Danna ¿Cómo van los estudios? Me enteré que has rendido un examen el jueves ¿Aprobaste?  ¿Cuánto falta para que obtengas el título? - Creo que hasta las casi inexistentes pecas en la nariz de mi hermana cobraron una extraña tonalidad rojiza al responder que aún le quedan dos años para obtener la licenciatura.

Y el infaltable "¿Novio?"  Ayer ha ido algo más lejos al recordarle a Danna que ya tiene veinte años y cuán horrible es quedarse sola, lo que extrañamente dijo mirándome como si yo fuera el peor ejemplo vital para la rubia. No me malinterpretes. Amamos a Leylen, pero es condenadamente difícil vivir bajo los estándares de Los Altos Códigos de Conducta Femenina que enarbola.

Sobre los planes de boda de Alana con quejas más o menos explícitas sobre el mutismo absoluto de la pareja y media hora de charla después quedó más que claro que "ese" era el motivo de los mil doscientos kilómetros recorridos.

Aunque los suegros de mi hermana se quedan en un hotel siento que esta no será una semana sencilla para ninguna de nosotras. Aunque agradezco a la deidad de turno no ser el centro del interés de estas señoras decididas a llevar adelante una misión casi imposible llamada la boda que nos unirá como una sola familia.

¡Ah, la primavera! Con sus cálidos cambios y colores brillantes... ¡Cómo engaña a los incautos...!

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8 Septiembre 2009

De planes, lágrimas y aprendizajes forzosos...

Se hace evidente que nunca me casé. ¿Por qué? Sencillo: cada nuevo paso que acerca a mi hermana al matrimonio es causa de asombro o de ceño fruncido al mejor estilo actor secundario de película de clase B.

De resultas que la cena de compromiso se suspendió hasta nuevo aviso. Por causa de la gripe A. No te rías que es serio. Con el brote gripal las distintas provincias se pusieron en alerta sanitaria  –lo que no ocurrió con el país, pero ese es otro cantar–  y el evento familiar se llevaría a cabo en Misiones. Pero una semana antes, los administradores del restaurante en el que los futuros contrayentes hicieran su reserva, se pusieron en contacto para informarles que por disposiciones provinciales y municipales no podían realizar el servicio. Ante los claros ataques de nervios, histeria y quién sabe qué más de Alana y Ari, procedieron los dueños a decirles que NO se permitían reuniones de personas. Lo que era cierto, ni cines, ni pubs, ni discos… NADA.

Una vez superada la decepción, había que buscar una nueva fecha. Sencillo si no tratas de reunir a veinte personas que viven a un promedio de dos mil kilómetros de distancia, trabajan, estudian y tienen compromisos previos. Hasta ahora, sería hacia finales de octubre, lo que casi ha hecho perder la cabeza a las mujeres mayores de esta historia porque “¡Dios nos libre! ¡Solo a cinco meses de la boda…!”

Pero ni aun todas las películas, novelas o amigas casadas me habían preparado para el huracán Nervios Pre-nupciales. No sé qué se activará en el cerebro de una mujer a punto de casarse, lo que sí sé  –ahora– es que debería ir con receta archivada y bajo el rótulo de ALTAMENTE PELIGROSO.

Hace ahora una semana, temprano en la mañana estábamos con Danna desayunando y cosa curiosa Alana volvía a buscar unas llaves que dejó olvidadas junto al orde. Curioso porque nunca nos vemos antes de que ella se marche al trabajo y más curioso aún porque venía bañada en llanto. Ante nuestras preguntas simplemente dijo que estaba bien, que no pasaba nada. Mientras Danna ordenaba la cocina se encontró con la agenda de planes  –misma que llevábamos adelante desde hace dos meses– deshojada en el bote de la basura. Allí estaban desde los bocetos del vestido de novia hasta cada uno de los salones de eventos aquí y en la provincia de Ari, más los menúes, los presupuestos de flores, alquiler de iglesias…

Y aquí me detengo ¡¿Alquiler de iglesia?! Sí, resulta que todo muy bonito con la tradición y demás, pero si quieres casarte en un templo, debes pedir fecha  –lo que es más que correcto–  y abonar sumas que no bajan de los mil quinientos dólares por utilizar las instalaciones de lo que uno conocía como casa de Dios. Y que conste que no estamos hablando de ninguna catedral o similar.

Prosigo. Esa noche Alana se acerca y nos muestra las tapas vacías diciendo “Se terminó”. Nadie le creyó, pero ella lo decía convencida. A todo esto Ari no se ha apartado de su lado desde hace diez días  –beneficios de ser tu propio jefe y llevar tu negocios por teléfono y demás– lo que solo sumaba una cara de ternero afligido a la ecuación.

Dos días después en la cena, horario de sagrado encuentro familiar, nos comentan que tal vez adelantaban la boda a enero… Si nosotras casi nos ahogamos con la Coca Cola no quiero imaginar la madre de él… Para el viernes, volvían a los planes originales y antes de ayer decidieron terminar su relación después de una semana de semi-convivencia. Con llantos, puertas cerradas, salidas furibundas de ambas partes y final reconciliación sobre la medianoche.

Hay que estar enamorado para pasar por todo esto voluntariamente ¿No crees? Porque mira que notoriamente no parece ser el Paraíso:

 

(Ilustración: "Los novios" de Marc Chagall)

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Sobre mí

Soy Mayye y vivo en Argentina.Tengo algo más de treinta años, casi todos ellos de lectora empedernida. Detesto las etiquetas genéricas: que si muy leído y popular no es literatura y si casi incomprensible y solo conocido en los círculos académicos entonces es arte. Tal vez porque a pesar del tiempo pasado en las aulas y de las competencias adquiridas sigo siendo lo que al principio: solo una lectora más (de diarios, revistas, novelas, ensayos...). Me acompañan Ivy, Beby y Marche en esta aventuras de palabras. Por ello hoy les invito a compartir mi pequeño espacio en este no-lugar, tomemos algo juntos y disfrutemos.
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