Not night but tonight...
Aquello que escribía Bajtín (y luego se lo fumaba por falta de papel de liar tabaco) de “que nadie es un Adán de la comunicación” esta vez también se cumple… Ivy leyó a Janton y escribió sobre los hermanos de Cepe. Lyana leyó a Ivy y comentó el posteo. Yo leí el comentario de Ly y recordé la historia completa de ese último enunciado: <<… la gente crece y un día en Amerika te pueden decir “pero vos nunca me dijiste, que pensabas que yo era lindo…">>
Pasó hace algún tiempo. Era el cumpleaños de Juliana y todo el grupo se reunió para celebrarlo. Después de unos tragos por decisión unánime se decidió que la fiesta sería en Amerika. ¿Qué es Amerika? Es un boliche gay muy conocido de Buenos Aires, al que van todos, desde los travestidos más famosos como “Barby”, hasta la amiga del vecino de la cuñada del que no sabe si es o no… pero cree que está bueno ir a una disco con onda aunque una solo sea una hetero normalita del montón…
Las chicas estaban bailando en la pista a la que cariñosamente habían rebautizado en alguna noche loca del pasado como “Pista Pene”. Los tragos no dejaban de venir a sus manos y bajar rápidamente por la garganta. Después de todo la mejor amiga de una no cumple veinticuatro años todos los días. Sí, es un razonamiento pobre pero de lo más coherente después de dos Sex on the beach o tres Piscolas… Y por las venas corría mucho más alcohol que solo ese…
En la pista de abajo los cuerpos se sacudían con la música electrónica. En la Pene, Chenoa cantaba “Cuando tú vas” y todo el grupo de Juli acompañaba la canción a voz en cuello, un par de las chicas subidas a la tarima. Lyana bailaba y meditaba cuántos pasos la separaban de la barra circular para pedir un cóctel de champaña y granadina para pasar el “dulzor” de los anteriores, cuando un hermoso espécimen masculino se le plantó delante y tomó una de sus manos.
– Acompañame a la barra!!!!!!! –Le gritó uniendo sus mejillas para hacerse oír a través del clamor de los parlantes. Ella solo levantó el pulgar en señal de asentimiento y sin soltarse del agarre de su enorme mano lo siguió por entre la pequeña multitud que los separaba del barman.
Era Ángel, el hermano de Juliana. Una tremenda muestra de que cuando Dios quiere, hace las cosas pero que muy bien. Ángel por esa época todavía era rugbier, con su físico de deportista y su aspecto de chico travieso sería el protagonista seguro de las fantasías de varias de las muchachas que los miraban pasar y de no pocos hombres. Él es así. Consigue que los ojos de la gente brillen al posarse en sus rasgos y que las respiraciones se aceleren cuando aquellos ojos bajen o suban por su cuerpo. Y eso sin oír su profunda voz de barítono o su risa…
Ya en la barra pidieron y se acomodaron para esperar sus tragos. Ángel se apoyó de frente a la pista y Lyana de frente a él. De repente contoneándose sinuosa como un gato apareció una rubia im-pre-sio-nan-te. Alta, embutida en un vestidito que no terminaba de cubrirle los muslos, maquillada como una profesional, oliendo a perfume francés y con unas botas de taco ajuga era la perfecta imagen de cómo se verían las amazonas en el siglo XXI.
La rubia clavó sus ojos en el hermano de Juli, sonrió felinamente y sus pasos decididos la pararon justo a cinco centímetros de la cara divertida de Ángel.
Lyana solo oyó el saludo de la tipa y vio cómo sus uñas largas y oscuras subían por el brazo del hermano de su mejor amiga, mientras la cara de la rubia se perdía detrás del cuello masculino. Entendió que la charla divertía a ambos por las risas que compartían y entre borracha y aburrida de esperar el dichoso cóctel de champaña y granadina fijó la vista en la gente que bailaba y empezó a seguir el ritmo ella misma.
Claramente se oyó el barítono precioso de Ángel al contestar:
– ¡Gracias hermosa! Pero no me van las chicas… Mi novio es aquel de allá –Mientras señalaba hacia el grupo de amigos bailando a no más de veinte metros y tomaba la mano de Ly sonriendo con toda la picardía del que sabe hacer de las suyas.
La rubia casi cae de la impresionante altura de sus botas de tacón y con los ojos muy abiertos mira a Lyana y vocaliza sin sonido:
– ¡Qué desperdicio!
Lyana que de buena ni un pelo y, en ese momento, de alcohol hasta las cejas le respondió:
– ¿Y a mí me lo decís? ¡¿Con lo lindo que es y viéndolo casi a diario?!
Esta vez fueron los ojos de Ángel los que se abrieron al máximo y con la voz cargada de emoción le espetó:
– Pero vos nunca me dijiste, que pensabas que yo era lindo…
Entre los tragos, la mirada maravillada de sus ojos color del tiempo y su voz de actor de comedia musical, Ly se sintió flotar desestabilizada. Tomó el rostro tan conocido entre las manos y clavando sus ojos en los masculinos preguntó:
– Decime… ¿Eso hubiera cambiado algo?
Hay que decir que él en ningún momento separó sus pupilas de las femeninas ni sus manos de la cintura de la mejor amiga de su hermana, cuando se tomó el tiempo para responder…
– Nah… Para nada… Pero le hace mucho bien a mi ego saberlo justo ahora.
Porque Dios hizo de las suyas y Ángel por aquellos días empezaba los ensayos para una nueva puesta en escena de Rent y necesitaba que le sobaran la autoestima…

(Imagen tomada de: http://www.geocities.com/mexican27/rent8.jpg, de la puesta en escena en México de Rent)






bebi dijo
JAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJ Y JAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJA Y MÁS JAJAJAJJAJAJAJ. May que lindo lunes me regalaste con las cosas que Dios moldea con más empeño que otras, es verdad lo que le pasó a nuestra amiga, yo me anoto cuando miré a alguien que no miraba en la misma dirección, pero ahora es un muy buen amigo. En realidad no se sabe con cual patea, pero esto me hace adorarlo más.
Que lindo relato y que buenos, tajantes y cómicos comentarios tiene, SHIT¡¡¡¡ es muy buenooooooo
TKIERE
B
11 Mayo 2009 | 08:49 PM