De los tuyos, los míos y los nuestros...

Si saliendo de tu habitación descalza, en bragas y con una camiseta del club de remo de un ex del que ya eres tía de sus dos hijos, te chocas de frente con un casi adolescente compañero de estudios de tu hermana menor con solo los jeans puestos y cara de “Oh, Dios no puedo despertar del todo”… Tú:
a) Gritas.
b) Gritas aún más alto porque el chico te ve en el PEOR momento del día.
c) Estiras la camiseta hasta que oyes las costuras a punto de rasgarse y te encierras en el baño.
d) Tapas tus oídos porque el que ha gritado como damisela en apuros es él.
e) Le sonríes y saludas como si fuera lo más normal del mundo ver salir gente de la habitación ahora colectiva de tu hermana menor.
f) Todas las anteriores.
g) Ninguna de las opciones.
El caso es que esa es la situación a la que nos enfrentamos esta semana casi a diario con Alana. Danna y sus compañeros de facultad están en cierre de semestre motivo que los tiene desvelados, malcomidos, nerviosos e instalados en nuestra casa.
Todos tienen veinte años, todos estudian Ciencias Económicas y todos viven en los dormitorios del campus de la universidad, salvo Danna quien tiene el dudoso honor de tener domicilio particular en Holy Hill. Este hecho plantea que el dormitorio de mi hermana y la cocina sean ahora un anexo más de las aulas y salones de uso común de los estudiantes de las carreras en Administración y Contaduría.
No sé cómo nos las arreglábamos antes de la mudanza, porque esta casa es bastante más adecuada a las necesidades de nuestra familia y apéndices obligados (amigos de Danna, novio de Lana). Reconozco que por momentos me sentía algo agobiada en el apartamento por la cantidad de gente que entraba y salía o con la que chocaba en los intentos por llegar al baño… Pero ahora es llamativamente grande el número de rostros que veo antes de salir siquiera de mi habitación.
Convivir nunca es sencillo. Convivir con familiares probablemente lo sea menos. Pero convivir con familiares y todo su entorno social es una aventura disparatada y de lo más completa que te puedas imaginar.
Los mejores amigos de Danna son pareja: Alex y Caro. Él es a estas alturas uno más de la familia y ella hasta tiene su cepillo de dientes y demás en el botiquín del baño. Para que te hagas una idea de hasta qué punto los hemos asumido y nos han adoptado, te diré que cuando mis hermanas visitaron las Cataratas del Iguazú hace un mes, Caro se quedó en casa usando su copia de las llaves y rindiéndome cuenta de sus horarios.
Alex por otra parte reina como único representante de su género haciendo uso y abuso de los derechos que ser el preferido de Alana le reporta. He de confesar que es un chico encantador y ubicado como pocos que conocí a esa o a ninguna edad.
Danna y Caro tienen fama de ser las estudiantes más aplicadas de su cohorte. Lo que de por sí es un reto a la comprensión de cualquiera que se deje llevar por los preconceptos, dado que ambas son rubias… Mi hermana menor es la típica joven alta, delgada, de ojos claros y cabellos de oro rojo que aparece en las publicidades. Caro es más bajita, con impactantes ojos celestes, cabellos dorados y voluptuosa casi en exceso en esos lugares donde parece importar…
Imagina entonces lo solicitadas que son a la hora de buscar ayuda para comprender una fórmula de matemática financiera o de pedir prestados los apuntes de esa clase de Economía a la que nadie asistió porque el Barça jugaba contra el Manchester, el Chelsea o el Liverpool en Italia… Ahora sí entiendes cuando te digo que literalmente chocamos contra la gente en el paso del baño a la cocina o de la sala de estar a los dormitorios.
Hemos desarrollado un sistema de señales para evitar momentos embarazosos para todas las partes.
* Cuando Alex llega de clase pregunta desde la puerta de calle:
– ¿Están visibles?
* Las puertas cerradas ameritan golpes –parece absurdo pero hay que ver las veces en que uno irrespeta un concepto tan básico.
* Si hay “terceros” se los presenta y están obligados a saludar con amabilidad a cada integrante de la familia, de esa manera nadie puede decir que confundió al recién llegado con un ladrón o a la mujer que, sin saberse acompañada, sale envuelta en toalla del baño con una exhibicionista…
* Al grito de “Cierren los ojos” cada uno de los presentes lo hará so pena de quedarse ciego por no cumplir con lo pedido…
¿Ves? Estamos sobreviviendo a la convivencia y educación de múltiples sujetos a una altura de la vida en la que creímos que ser padres era cosa de otra gente…
(Ilustración: "Convivencia" de Víctor Moreno)





Janton dijo
Ah, yo podría cumplir todas las normas de esa casa menos una...
Me resultaría absolutamente imposible cerrar los ojos cuando alguien me ordenara hacerlo. Nunca he podido y no creo que a mis 40 cumplidos pueda ya cambiar. Basta que me digan "cierra los ojos" para que los abra como platos, so pena de quedarme ciego, efectivamente.
Qué quieres, tengo notables tendencias voyeurs. Cada uno es como es...
19 Junio 2009 | 06:53 PM