De dudosa lectura...

(BROMAS MATEMÁTICAS. Si las entiendes, probablemente no tienes amigos)
A riesgo de que me consideres obsesiva –soy consciente de que puedes elevar la ceja y sonreír de lado en este momento– te diré que no tolero las incógnitas y me enferma casi físicamente el intentar recordar algo y que el conocimiento me sea elusivo.
Por ejemplo, ayer aprovechando el primer domingo de invierno, empecé a leer una novela y a las pocas páginas el autor menciona un teorema matemático. Conocía el caso de estudio pero me resultó imposible recordar de qué iba la cuestión. Al cabo de unos instantes más de lectura el autor vuelve a la alusión del dichoso teorema y yo sin idea del por qué lo conocía y menos idea aún de cómo se salvaba la situación. Cinco minutos después muy molesta conmigo misma por lo que sabía desde hacía cuatro y medio estaba a punto de hacer, aparté el libro y abrí el Google. Me pasé la tarde navegando en internet buscando referencias para sacarme la duda.
Recordé enseguida por qué conocía el tema y al mismo tiempo ignoraba tanto de él: Von Forschung, mi profesor del ciclo superior. La memoria rápidamente me llevó a sus clases y a ese extraño hábito de plantearnos problemas de difícil o imposible solución para los comunes mortales. Era casi un pasatiempo para él, una tortura para sus alumnos.
– Hace más tres siglos los matemáticos buscan resolver este enigma… ¿Por qué no sorprender al mundo encontrando la respuesta?
Bien querido profesor, quizás porque ninguno de nosotros fuera un genio matemático, o bien porque éramos simples adolescentes, o bien porque no teníamos herramientas cognitivas para intentar nada más que leer el planteo y quedarnos mirando fijo la ecuación con la mente en blanco. Además, nunca nos contó que en esos años un inglés había logrado una respuesta satisfactoria para el universo matemático –hago la aclaración del universo porque definidamente es uno paralelo al mío y no me digas que en el infinito se unen porque eso queda lejos.
Sin embargo, el último encuentro con este “enigma” fue hace poco menos de dos años y por alguna razón mi mente bloqueó el recuerdo con suma habilidad. Los alumnos de segundo año de polimodal del colegio donde desempeñaba funciones de “comodín” –otro día tal vez te cuente– me pidieron ayuda con un trabajo práctico de matemáticas. ¿Por qué a mí si enseño Lengua? Sencillo. EL profesor de matemáticas llevaba un proyecto de integración de su materia con el arte y la lengua, lo que generaba que los chicos aprendan los conceptos de sistemas de numeración o de infinito y nulo leyendo a Borges o el primer capítulo del libro del profeta Ezequiel, sin ir más lejos. El otro motivo por el que fuera la elegida es porque a las otras dos profesoras de Lengua les tenían un sano horror prácticamente todos los alumnos. En esa oportunidad el disparador fue una película de reciente estreno. Sí, ya desde el título retrotraía al autor del bendito teorema…
Supongo que para una mente matemática enfrentarse al último teorema de Fermat es como para mí encontrar un poema particularmente bello o una narración bien estructurada que me invite a continuar leyendo. Ayer sacarme las dudas sobre el tema posibilitó que siguiera leyendo ya bastante tarde la novela que había quedado olvidada junto al ordenador y me esperaba con el ceño fruncido…
Sigo sin comprender del todo el tema, pero al menos cada vez que lo mencionen en el texto no me sentiré frustrada por (des)conocerlo ampliamente.
(La imagen es de una serie de bromas matemáticas de las que he disfrutado mucho... Y sí, las entiendo...)





rosa-rizalas dijo
¿Obsesiva? ¿Tú, mi niña? Nahhh, tanto o más que yo.
A mi nunca jamás me ocurrirá nada parecido con un teorema matématico, por que a no ser que sea el de Arquimides, sonarme lo que se dice sonarme, ni de lejos. Mi mente es la menos matématica que pueda existir sobre la faz de la tierra, justo me viene para sumar enteros. Negativos, fraccionados y toda esa prole, mejor que no se me acerquen. Total no los iba a enterder.
Pero sí que me ha surgido algo parecido leyendo, viendo alguna pelicula o incluso escuchando una canción. Un dato ofrecido, un par de notas, algo que resuena en mi caótico almacén de la memoría y que hasta que no descubro qué es y por qué me produce cosquilleo entre las orejas, no paro.
Besicos
22 Junio 2009 | 05:55 PM