De senderos compartidos...

El invierno ha llegado por fin a las colinas. Ayer por la tarde, luego de un almuerzo familiar, decidimos salir a caminar para aprovechar el día. Como a estas alturas ya habrás notado mi familia es pequeña en número, solo mis hermanas y yo. Vestidas con ropas cómodas y abrigadas emprendimos la aventura de hacer el Paseo “Golden Age”. Es un sendero que se adentra en el campo varios kilómetros y permite disfrutar de la naturaleza sin alejarse demasiado de la zona urbana y sin quedar totalmente aislado en caso de emergencia.
Danna estaba en plan top model internacional y prácticamente hemos detenido la marcha en cada árbol llamativo para tomarle fotografías, es bueno que Alana sea aficionada a su cámara y casi nunca la deje atrás… Siempre digo: son un combo, pagué por dos pero obtuve tantas como características tienen ellas.
Caminamos alrededor de tres horas. El tema de la charla fue uno solo. La Boda. Porque el compromiso y todo lo demás va incluido en el abarcante tópico con “be mayúscula”. Es que Ari y Alana se casarán en marzo del año que viene. Y son solo ocho meses para planificar… Mi hermana menor es una mujer de estos tiempos en todo el sentido ambiguo de ese enunciado. Su vida gira en torno a la carrera, la oficina, los teléfonos, etc. Su primer planteo fue:
– Mañana mismo compro una agenda, cuaderno o carpeta para anotar todo lo que hablemos de esta tarde en adelante… No puedo darme el lujo de olvidar o perder detalles. Mayela, Danna: cada una tendrá una copia y le enviaré una por correo electrónico a Lexy por las dudas.
¿Por las dudas qué? ¿Un cataclismo arrase con Holy Hill? ¿Nuestros ordenadores realicen un pacto suicida? ¿Los extraterrestres por fin decidan invadirnos? Lexy es una prima y vive a más de mil kilómetros…
Lo primero que surgió fue la cena de compromiso. Aquí debería contarte que según los Altos Códigos de Conducta Femenina de Leylen, debe haber un evento de esa naturaleza… He descubierto en estos días que mi abuela Leylen y mi madre han dejado una huella más profunda en mí de lo que he creído toda la vida… El caso es que la cena de compromiso será dentro de tres semanas en un restaurante de la ciudad de Ari. Es decir, hemos de viajar mil doscientos kilómetros para presenciar el intercambio de anillos previo al intercambio de anillos definitivo… Dice mi hermana que eso tendrá contentas a mi abuela y a su suegra y las mantendrá lejos de la organización de la Boda que, por ahora, será en “nuestro territorio”.
El siguiente tema que surgió naturalmente fue el de los invitados. Y allí se tornó áspera la cuestión porque tenemos muchos “parientes” pero muy pocos “familiares”. No es cuestión de estar invitando a medio mundo por quedar bien y endeudarse hasta que algún hipotético hijo vaya a la universidad, aunque tampoco quiere uno quedar mal al no participar a todos del acontecimiento…
Mientras el sol acariciaba nuestros rostros y el viento nos azotaba impiadosamente, continuamos nuestra caminata con los brazos enlazados y sin que ningún silencio se establezca aunque más no fuera por algunos instantes.
– ¿Qué iglesia van a alquilar? –Preguntó con lógica Danna.
– No sé si quiero casarme en una iglesia… Tal vez lo hagamos en un salón o en una estancia en el campo…
– Pero… Pero… Errrr… –Mi cerebro no lograba una conexión óptima con la lengua como notarás– Hay capillas y templos muy bonitos por aquí.
En este punto utilicé el argumento más superficial que haya alguna vez salido de entre mis labios:
– En un salón no lucirías del todo el hermoso vestido que sueñas…
Lo sé, lo sé, es patético. Siento que me ha poseído el espíritu de las tradiciones de antaño en este tema y por extraño que resulte no quiero exorcizarlo… Sueño con la Boda perfecta para mi hermana, aunque sé que esas cosas no existen ni son garantía de nada.
– Una estancia es una idea interesante –me salvó de mí misma Danna– aunque te diré que Maye tiene razón con respecto al vestido…
Okay, tal vez el malévolo espíritu nos poseyó a todas… Serán ochos largos meses...
El sol seguía jugando con nuestras mejillas y el viento hacía volar cabellos y pashminas, mientras las tres abrazadas continuamos nuestro recorrido. Creo que de alguna manera hemos sabido que el tiempo que nos queda juntas es escaso y que este probablemente sea el último proyecto que encaremos como pequeña familia…
(Ilustración: "Hada de hielo")







Janton dijo
Comprendo la sensación de que efectivamente a partir de la boda algo se separará definitivamente en vosotras aunque sigáis viéndoos.
Pero es que yo soy tan poco tradicional para eso, tan reacio a amoldarme a los encorsetados criterios de lo que debe ser...
28 Junio 2009 | 11:03 PM