De mi historia tejida en palabras...

Vengo de una familia de cuentacuentos, pero de cuentacuentos que no esperan más retribución que el disfrute de la narración compartida, que el brillo de los ojos de su audiencia y de las sonrisas o lágrimas indicadoras de que el mensaje hizo nido en las mentes de los receptores. Es decir, nada mejor para mí que un relato con el poder de hacer de un momento cualquiera, el mejor momento vivido.
Mi tía Di es una directora de EGB jubilada, ejerció su profesión en escuelas de frontera con el Brasil, en condiciones que ameritan un premio para todos aquellos que han hecho de la docencia una cuetión de corazón y valentía. El caso es que ahora con sesenta y seis años lucha desde hace un par contra el cáncer. La semana anterior fue sometida a una nueva cirugía y como decidió viajar hasta Holy Hill para llevar adelante el procedimiento hemos tenido el placer de acompañarla unas horas durante el post-operatorio. Con su voz cercana a un suave arrullo compartió con nosotras vivencias que nos han dejado con lágrimas colgando de las pestañas. Pero lágrimas de risa, lágrimas del más puro regocijo. Porque si hay algo cierto sobre Di es que es una cuentacuentos impresionante.
"En abril pasado -comenzó su relato- con el tío Rem cumplimos cuarenta y cuatro años de casados y decidí hacerle una broma. Como saben él casi no ve y eso le genera mucha frustración. Mis nueras vinieron a casa a preparar los alimentos para la reunión que tendríamos al día siguiente y nos quedamos hasta pasada la medianoche en la cocina entre ingredientes y charlas... Cuando las chicas se fueron, tomé un baño y me vestí para llevar a cabo mi broma. Había tomado un camisón de dormir bastante recatado y le agregué tiras y tiras de telas de tul, ahora que lo medito creo que debería haberme comprado algo de lencería más "interesante", pero claro, en ese momento me las arreglé con lo que tenía... El caso es que me acerqué a la cama donde dormía Remo y lo mejor que pude subí una pierna a la esquina más cercana e inicié un contoneo de lo más complicado y hasta hoy digo que era sensual, llamando con lo que opino era una voz ronca y susurrante a mi marido:
- Remo, Remo, abre los ojos y enfrenta tu destino...
El pobre medio dormido, casi ciego y parpadeando como topo al sol abrió la boca, inarticuló una especie de grito, se tomó fuertemente del pecho y casi a los tumbos fue hasta al baño, ya quisiera yo que a cepillarrse los dientes o a ponerse algún perfume... No. Cuando me asomé estaba vomitando del susto. ¡Del susto! Allí la aterrada fui yo porque parecía al borde de un ataque cardíaco. Nos pasamos la noche consolándonos uno al otro por el miedo que habíamos pasado. Él creyó que era la Parca y yo que se me moría y arruinaba nuestra fiesta de aniversario..."
¿Necesito contarte que pequeñas anécdotas como esta son las que nutrieron mi vida de hambre de relatos?











jotatrujillo dijo
Al fin puedo subir mi comentario tras denodados e ímprobos esfuerzos luchando con LC, solamente justificados por mis deseos de dar fe de mi admiración.
No se a quien admirar mas, si a esa familia que supo moldear tus aptitudes literarias, o esa tía Di, ejemplo de fuerza, humor y valentía o a la autora de esta narración.
Es una fiesta leerte.
Algo parecido a esto, era lo que pretendía decirte hace aproximadamente una hora. Algo habrá cambiado, seguro, que mis neuronas no son lo que eran.
Un abrazo.
24 Septiembre 2009 | 06:41 PM