De charlas bajo el sol...

Los sábados son un día del todo especial en Holy Hill porque originalmente era una colonia de inmigrantes cristianos europeos que guardaban el sábado como día de reposo según el mandato bíblico. Hoy día los negocios, las instituciones y las actividades comunes cesan desde la puesta del sol del viernes a la puesta del sol del sábado mismo y la comunidad toda descansa. Aunque muchos no son observadores de la costumbre bíblica, sí han aprendido a disfrutar de una jornada diferente.
Precisamente eso hicimos durante la mañana del pasado séptimo día. Asistimos a un servicio religioso con Leylen y mis hermanas y luego salimos a caminar bajo el sol que apenas calentaba, dado que la primavera llegó pero el frío no se ha ido ni un poco. Las calles desiertas, los parques primorosamente cuidados, los pájaros y alguna que otra persona en idénticas condiciones que nosotras fueron el marco para una ronda de fotografías y charla con la Omma.
Me sorprendió al contarnos los primeros años de su vida como mujer casada.
Leylen contrajo matrimonio a los veintitrés años. Ya era considerada casi una solterona, solo la salvaba el que tuviera un novio y que este debiera cumplir con el servicio militar obligatorio primero y luego procediera a iniciarse en alguna ocupación lucrativa. Al casarse pasó a vivir en casa de sus suegros, dado que mi abuelo era el hijo mayor. Las dos cuñadas eran apenas adolescentes y por lo que entendí eran la viva encarnación de la malicia femenina. La suegra, mi bisabuela Amalia, era una mujer dominante y quien llevaba adelante el destino de la familia de manera férrea y efectiva. De mi bisabuelo solo quedó claro que era un hombre cariñoso y trabajador.
Leylen era la menor de una familia numerosísima, tenía once hermanos. Estaba acostumbrada al trato amable y a ser sobreprotegida. A los trece años dejó la casa paterna para ir al internado a estudiar y al terminar sus estudios volvió a su hogar el que no abandonó hasta contraer matrimonio. La experiencia de convivir con su suegra la marcó de manera llamativa. Leylen no sabe estarse sin hacer algo útil, no tolera imaginarse como una carga para alguien, cree que la excesiva libertad es contraproducente pero que las reglas muy rígidas solo hacen que las personas intenten rebelarse . Esto último me dejó pasmada. ¿Ella que prácticamente grabó en nosotras los nunca escritos Altos Códigos de Conducta Femenina?
Pues resulta que sí. La Omma considera que a las jovencitas no se las guía apropiadamente y luego sufren innecesariamente por elecciones poco felices. Está satisfecha por las prontas nupcias de Alana, contenta porque Danna será una profesional en poco tiempo más y continúa preocupada porque estaré sola en el futuro. Sonrío al recordar su cierre:
-Maye, búscate alguien, es muy triste llegar a una casa vacía, no tener a nadie para conversar antes de dormir, saber que si no pones la estufa pasarás frío durante la noche...
Comprendí que mi abuela se siente sola y no quiere esa soledad para mí, que toda la charla sobre la suegra fue para que Alana viera la necesidad de poner límites a la suya desde el primer momento y que Danna entendiera que la disciplina que caracteriza a nuestra familia es para cuidarla y no para evitarle crecer libremente. No lo dijo pero se hizo evidente y no sé qué hicimos para merecerlo... La Omma está orgullosa de nosotras
Te decía hace días que amamos a Leylen, hoy puedo agregar sin rubor que la he de extrañar cuando se marche.






jotatrujillo dijo
¿Con veintitrés años, considerada una solterona? Rápidos deben ir los ciclos vitales en la familia, para ser así considerada.
Si algún adjetivo hubiese que apartar para solo ser usado al nombrar a los abuelos, ese adjetivo sería, sobre- protectores.
Ahora que lo soy, me doy cuenta de ello.
Un abrazo.
28 Septiembre 2009 | 06:07 PM