De infantiles interrogantes...

Lyanna es una de mis mejores amigas. Aunque hay veces en las que me pregunto si no lo será su madre. Ly tiene un par de años menos que yo pero generalmente saca mi lado maternal obsesivo y termina recriminándome que actúe como Silvya. La familia de Sylvya y Lyanna es muy unida en su particular estilo, con todos los ingredientes de las familias de este siglo: una artista incomprendida, un bohemio, una atea, un otaku en eterno proceso de recuperación (es un camino de ida, jamás te libras de los comics y sus hermanos japoneses), algún ingeniero, otro estudiante de leyes, gente dedicada a las ciencias económicas... En fin, que encuentras material de estudio y de reflexión sin demasiado esfuerzo.
Una de las primas de Ly tiene tres niños pequeños que hacen a las delicias de las tías abuelas y dan guerra a los más jóvenes.
El mayor de ellos, Santino, en la Navidad de sus cuatro años rompió la ilusión de una vida de varios de los presentes. Como es costumbre en los barrios porteños y de algunas localidades más pequeñas, la Noche de Vísperas Papá Noel visita a los niños llevándoles regalos. No me digas que eso lo hace en todo el mundo y en un trineo tirado por renos porque aquí la cuestión va de disfraz y exposición pública. El caso es que en Avellaneda al anciano de rojo lo llevan a su recorrido estelar en el carro de los bomberos, con sirenas y parafernalia de luces más altavoces con villancicos incluidos.
Ante el estruendo en la calle toda la familia se asomó hasta la entrada de la casa y por supuesto la atención estaba puesta en la menuda figura de Santino, quien vería el espectáculo por primera vez. Amplias sonrisas, miradas de interés, cámaras fotográficas preparadas para conservar el momento eternamente... Y el niño habló:
- Lo del tipo vestido de Santa lo entiendo. Pero ¿Qué pintan los bomberos en todo esto?
De más está decir que todos culparon a Hollywood, a la televisión y unos cuantos a la madre (aunque se cuidaron bien de no hacerlo en su presencia o en voz muy alta) por la pronta pérdida de la inocencia del chiquillo.
El ejemplo más cercano de lo fatal que puede ser una duda infantil para la inocencia (de los adultos) lo protagonizaron Candela, hermana menor de Santino, y Lyanna en la ceremonia bautismal del más pequeño de la familia.
Candela tiene tres años y si la miras ves que los ángeles sí existen y llevan vestidos rojos con abrigos de pana al tono. Ly no es particularmente religiosa, es más dice ser atea, lo que todos le dejamos pasar porque se necesita fe para ello. El caso es que estaba sentada de lo más formalita en una de las filas de bancos del medio, esperando el momento de la celebración cuando pasa junto a ella por el pasillo central del templo su sobrina como un torbellino rojo. Con toda la calma que logró conseguir le dio alcance y fue a sentarse junto a la niña para explicarle el modo correcto de comportarse en una iglesia.
"- Cande, tesoro, no se corre aquí...
- ¿Por qué? -La interrumpió nada más notar que la charla iba de reto sobre sus modales.
- Bueno... No se corre porque... Porque esta es la casa de Dios.
- Aaah... Tía ¿Dios cuándo llega así empieza la fiesta?
- Dios ya está acá Candela -mientras se llevaba a la boca una pastilla de menta, Lyanna llamó la atención de la pequeña con un gesto de sus manos para que observe su entorno.
- ¿Ese es Dios? -Volvió a arremeter Candela, señalando una imagen de Cristo crucificado detrás del altar mayor.
- Sí, ese es...
- ¿Y lo colgaron ahí para que no se escape...?"
Jamás logró contestar el interrogante porque el caramelo de menta eligió ese momento para irse violentamente hacia su garganta y ahogarla del todo.







poli dijo
que dificil!!! nada simplemente me encantooooooo, la forma en que retratastes, a esos angelitos jajjjjajajaja!!!!! Me alñegrastes la mañanaaaaaaaaaaaa fue geniallllllllllllllllllll y me super diverti!!
Beshotessssssssss mil!!!! Poli!
PD: a Ly , le pone muy feliz que la cnsideres una de us mejores amigas ( me lo confio en secreto!!)
2 Octubre 2009 | 02:57 PM